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“Que coman torta”

“Si quieres que el presente sea diferente al pasado, estudia el pasado”, Baruch Spinoza.

En días cuando se habla sobre la (¿inminente?) caída del gobierno, vale la pena reflexionar sobre el pasado. Es importante hacerlo, si queremos evitar repetir nuestros errores. ¿Se habrán preguntado alguna vez, nuestros flamantes líderes de la oposición, porque surgió Hugo Chávez? ¿Habrán aprendido las lecciones del pasado? Después de tanta miseria y sufrimiento, sería triste perder algunas de las lecciones fundamentales por las que tanto hemos pagado durante estos últimos veinte años. Cada uno debe tener su lista de razones y lecciones… yo tengo la mía. En esta nota, la primera de esta serie, exploro uno de los principales motivos por los que surgió el chavismo:

El profundo distanciamiento entre la élite política y el pueblo.

Se cree que los Estados Unidos es la democracia más sólida del mundo. ¿Pero por qué surgió esta democracia tan sólida en un país que – cuando salió de sus guerras de independencia -tenía tantas razones para fallar? En un extracto del diario de Francisco de Miranda, cuando de paso por los Estados Unidos en 1783, apunta a un factor que quizás fue fundamental, refiriéndose a la democracia de costumbres, de moda etc. de los Estados Unidos:

“Hubo un barbecue (esto es, un cochino asado) y un tonel de ron, que promiscuamente comieron y bebieron los primeros magistrados y gentes del país, con la más soez y baja gente del pueblo; dándose las manos, y bebiendo en un mismo vaso – es imposible concebir, sin la vista, una asamblea más puramente democrática”.

En Venezuela no hubiera surgido ese “vengador”, como lo llamo Carlos Andrés Pérez, si no hubiera habido nada que vengar, en la mente de una parte importante de la población. Es verdad que los gobernantes de «La Cuarta República» le fallaron al país en su gestión económica y social. Pero lo que quizás fue peor, es que perdieron completamente el contacto con el pueblo. Esa pérdida de contacto surgió después de muchos años de gradual distanciamiento en lo económico, social, formativo etc. Podría decirse que en Venezuela había dos países: uno subdesarrollado, o en vías de desarrollo, al que pertenecía la mayoría de los Venezolanos; el otro una burbuja obscenamente distante del primero, al que muy poca gente pertenecía.

Cuando un gobernante adopta cualquier medida económica, política o social, lo que está haciendo es básicamente escogiendo entre diferentes alternativas. El gobernante tiene un abanico de opciones donde cada alternativa tiene su perfil de beneficios, de riesgos y probabilidades. Es un «tradeoff», donde el que elige trata de escoger la opción que maximiza el beneficio al pueblo y minimiza el perjuicio al pueblo (o político-personal, si queremos ser un poco cínicos). En otras palabras, toda alternativa, por más favorable que parezca, va a afectar a alguien de una forma negativa. En democracia, la «magia» del buen gobernante es escoger aquella alternativa que tiene la mayor probabilidad de beneficiar al mayor número de personas, perjudicando al menor número de ellas. Mientras más pequeño sea el grupo de electores desventajados, más fácil le será al gobernante evitar las consecuencias políticas de una decisión equivocada. Esta es la razón por la que creo que la pérdida de contacto entre la elite política de La Cuarta República y el pueblo fue fatal. Porque no entendiendo los «trajines de la vida» del pueblo (no digamos solo del campesino humilde y de la gente pobre de los barrios, sino de casi toda la mayoría de la gente del país) les llevo a subestimar muchas cosas; como por ejemplo, lo generalizado que era ese clamor por un “vengador”; que al final condujeron al surgimiento del chavismo.

Esta es la misma razón por la que se dice que Inglaterra voto por su salida de la Comunidad Europea (Brexit), por la que en los Estados Unidos votaron por Donald Trump y por la que en Europa están floreciendo los partidos políticos de carácter nacionalista. Las élites políticas han perdido contacto con el pueblo y éste está harto de ellos. El mito de María Antonieta [1] nos demuestra que esto ha pasado muchas veces a través de la historia.

No es suficiente que nuestros flamantes líderes de la oposición ahora le hablen al pueblo de una manera más «coloquial», para simular una «igualdad» que el pueblo no les cree.  Por eso es importante que nuestros futuros gobernantes reflexionen sobre este tema y establezcan mecanismos para asegurar que nunca se pierda el contacto íntimo con el grueso del pueblo y la opinión pública.

Virgilio Mendoza, 22 Enero, 2018

 

[1] “Que coman torta”, frase atribuida (supuestamente apócrifa) a María Antonieta de Austria, reina consorte de Francia, esposa de Luis XVI. En 1778 se produjo en Paris una crisis por la falta de harina para la producción del pan, alimento básico de la dieta del pueblo. La escasez llegó a tal grado, que se destinaba la mitad del salario para comprar pan. El pueblo se congregó ante el palacio reclamando soluciones. Fue entonces cuando, presuntamente, María Antonieta preguntó a sus damas de compañía qué era lo que reclamaban, y al responderle, que no tenían pan para comer, ella supuestamente dijo la famosa frase: “Qu’ils mange de la brioche”, traducido generalmente a “Que coman pasteles” (o torta, a lo Venezolano). Una expresión que quedó como ejemplo de su frivolidad e insensibilidad ante el sufrimiento de sus súbditos; o de su existencia en una burbuja, alejada de la realidad que vivía el pueblo.

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A Venezuelan earthquake or just another tremor?

On December 27th 2018 many Venezuelans were startled in the middle of the night by violent convulsions of the ground beneath them. It was the second time in just four months that the country’s tectonic plates shifted angrily, but on this occasion the shock-waves were less intense, so the panic was short-lived. Before sunrise, acerbic Venezuelans were already using the imagery of the earthquake to make their political jibes: “Dear friends”, texted one of them, “not only Caracas but ALL of Venezuela has been shaking for more than sixteen years!”

Venezuela has a history of rare but occasionally devastating seismic upheavals, so two quakes within four months gave me an uneasy sense of foreboding. Little did I know then, that the country’s fault lines were already in flux, not the geological fault lines but the political ones. On January 5th 2019, a previously unknown opposition politician by the name of Juan Guaidó was elected President of the opposition-led National Assembly. This set in motion a chain of political tremors that have been increasing in magnitude ever since and which portend irresistible change[1]. Will these tremors fade away once again, as they have always done in the last few years, or will they lead to the climactic political earthquake that most Venezuelans yearn for?

The United States continues to take the lead in trying to help Venezuelans restore democracy and rebuild their country. But to be successful, the international community needs to work more cohesively. In a previous note entitled “Echoes of the past, shivers of the present” dated 25th August 2017[2], I wrote “…so far the international community’s efforts appear to be a shambles of division, contradictions and dishonesty” and went on to give examples of their shambolic diplomacy and the shameful hypocrisy between some country’s hollow diplomatic words and their commercial dealings with the Venezuelan regime. To be sure, things have improved since then but not near enough. Nearly two years have passed and with Venezuela’s economy collapsed, the electricity system on its last legs, its society’s moral compass dysfunctional, its democracy dead and on the brink of a humanitarian crisis and the international community continues to dither and blunder.

The United States, for example, keeps all options on the table[3] but most of its partners and allies in Latin America and Europe refuse to do so[4]. The U.S. and most of Latin America recognised Juan Guaidó as interim President of Venezuela from the very beginning but most European partners (with a few exceptions) refused to do so at first, continuing to naively call for dialogue, despite the disastrous situation of the country and the lack of democracy[5]. Most EU nations eventually moved over to the U.S. position, with glaring exceptions such as Italy[6]. The U.S. makes great strides to curb the ability of chavista government officials and their ‘men of straw’ from enjoying their stolen riches in their country but most European partners and other allies continue to welcome them. The U.S. stops buying Venezuelan oil and imposes sanctions but some of its close allies such as India continue to fund the chavistas through their ongoing purchases of Venezuelan oil; and in fact, need to be coerced by the U.S. into stopping their support of such an odious regime[7]. The Juan Guaidó affair, which is giving so much hope to Venezuelans on the ground, is symptomatic of the chaotic approach of the international community. Beyond the above-mentioned confusion concerning his recognition as interim President, one feels disappointed to see the media in so many countries closely aligned with the U.S. continuing to talk about the new “self-proclaimed” President of Venezuela, even though Mr Guaidó assumed power in accordance with article 233 of the Venezuelan (drawn by Chavez) constitution[8]. But what does recognising Juan Guaidó even mean? Whose Ambassadors represent Venezuela? What should countries do if Maduro expels their Ambassadors? Whom does someone pay for oil already purchased? These and a plethora of other prickly questions which the U.S. and its partners seem to be tackling in different ways, exposes the muddled diplomacy of the international community; epitomised perhaps by majestic photos of a cheerful Prince Charles during his recent visit to Cuba (widely acknowledged to be the chavista regime’s spiritual mentor and principal political supporter internationally). One can only look, hope and pray that there is a method to their madness; and in the meantime, the desperate people of Venezuela, who have had to suffer so many false dawns already, remind you of distressed mice in a cruel and never-ending Forced Swim Test (FST)[9] designed to keep them hopeful despite despair and involved in the struggle beyond exhaustion and despite impossible odds; until the revolution, with any luck, collapses.

Washington is taking things one step at a time, trying to take their partners and allies with them. Unfortunately, the U.S. is burdened by relationships laden with mistrust and even hostility from most of its Latin American neighbours (and many neutral nations) – a legacy of over a century of U.S. interference, expansionism and prejudice. Some people will argue that the antipathy is well-deserved. This may well be the case but in the current crisis, it is irrelevant and of little consolation to Venezuelans, who will remain oppressed for a very long time unless the international community can come together. And at the end of the day, no one but the United States has been stepping up to the plate. Furthermore, let us be honest, to some degree, the hostility felt towards the U.S. is also due to the efforts of many Latin-American caudillos, despots, dictators, Marxists and sometimes even democrats, who throughout contemporary history have whipped up local public opinion and vilified the ‘gringo’ for their own self-seeking political and economic interests: i.e. in local politics it can be profitable to point an accusing finger at a foreign ‘villain’ (particularly when that ‘villain’ is a powerful and imperious nation) to deflect local public opinion from focusing on the ‘villains’ at home and their own misconduct. The last twenty years of unremitting crackpot ranting by Hugo Chavez and Nicolas Maduro against ‘The Empire’, its ‘Economic War’ and its impact on the fatherland is a case in point.

This note is not a place to defend the United States record but unless we change the narrative, we are never going to be able to work together effectively, as it will continue to be difficult for Latin American leaders to convince their electorate that their nations ought to stand shoulder to shoulder with the United States against the Venezuelan regime.

We are always reminded of some of the haughty, expansionist and prejudiced U.S. polititians and businessmen of former times but how often are we reminded that while the U.S. expanded its geographical, political and economic interests and influence across Latin America by means foul and fair, there were always a cadre of U.S. polititians in Congress and more broadly speaking, of individuals across the economic and social fabric of the country battling against expansionism and interventionism. To be sure, those people were mostly unable to change the course of U.S. foreign policy, although they did sometimes soften its worst excesses, but it would be an injustice to forget them; or to forget the many positive contributions which their nation has made throughout history.

In the aftermath of a dreadful Japanese earthquake of 1923 and despite tensions between the two countries rising, the U.S. helped Japan and U.S. citizens gave generously, leading a Tokyo newspaper to exclaim: The Americans have behaved “like the Americans of old. They have been efficient, sentimental and generous in giving and forgetful of everything in their zeal to help the helpless sufferer”[10]. So let us for a change talk about the Americans of old, and while on the subject of earthquakes, let us remember that the United States was one of the few foreign nations that sent humanitarian aid to Venezuela in the aftermath of its most infamous earthquake; the one in 1812, which nearly ended the Venezuelan war of independence before it had started properly and upon the rubble of which Simon Bolivar made one of his most legendary speeches. And while talking about Venezuela’s war of independence and the United States, most people know about Simon Bolivar’s famous condemnation of U.S. foreign policy towards Latin America, but let us remember that one of his most cherished treasures was a medal that belonged to George Washington, given to him by the descendants of the North American independence hero; and that both Simon Bolivar and Francisco de Miranda (‘The Precursor’ of Venezuelan independence) admired the United States deeply. Let us remember that it was U.S. citizens who funded Miranda’s first liberating expedition in 1806, with the possible connivance of the U.S. government; that most of the men who joined that voyage were initially U.S. citizens, including a grandson of John Adams, second U.S. President; and that most of the men who died in that wretched expedition (in other words, the first men to perish defending the Venezuelan tricolour) were actually U.S. citizens. Let us remember that the ‘Stars and Stripes’ was the inspiration for the idea of having stars in the Venezuelan national flag and that the contiguity between the U.S. and Venezuelan independence days is no coincidence. It would be the irony of ironies if Mr Donald Trump, supposedly the most despised U.S. President in Latin America for decades, made his mark in the history books as the one U.S. President who saved Venezuela’s democracy and who began the rapprochement between the United States and its Latin American neighbours.

 

Back to the present day: The international community’s approach appears to be:

(1) To isolate the chavista government through non-recognition and

(2) To strangle it economically

Presumably the hope is that these measures will make the regime collapse. However, the strategy is flawed because it seems to be based on a number of seemingly misunderstood realities of the situation on the ground. It ignores the facts that:

(a) Nicolas Maduro and his cronies are never going to give power to the Venezuelan opposition, unless they are forced to do so.

(b) The Venezuelan military are never going to abandon the chavista regime, unless they are forced to do so and

(c) The Venezuelan military (and other government institutions) is said to be infiltrated by the Cuban military and intelligence services (which re-enforces “b”).

The plan is also inconsistent with some lessons from history. Firstly, when the U.S. and its partners reason that non-recognition will lead to a collapse of the chavista regime, they forget that this has been tried before, without success: i.e. U.S. President Woodrow Wilson refused to recognise the Soviet Union (in its various guises) and its Bolshevik government in the hope that non-recognition coupled with Allied military interventions, would cause it to collapse under its own weight. The Soviet Union was in effect a pariah state for many years, recognised by none of the major world powers of the time (it took the U.S. sixteen years to establish diplomatic relations) and yet, it did not collapse. The chavistas are in a much better position to overcome isolation than the Bolsheviks in the early 1900s, because Maduro and his cronies are recognised as Venezuela’s legitimate government by two of the world’s superpowers (China and Russia) and many second-rate powers and client states. The recent shenanigans at the UN Security Council are a case in point. Secondly, when the U.S. and its partners reason that choking Venezuela economically will lead to a collapse of the chavista regime, they also forget that this has been tried before, without success: U.S. President D.W. Eisenhower placed an economic embargo on Cuba in the early 1960s in the hope that this would crush the island’s economy and lead to a collapse of the Castro government. Despite lacking in resources the regime did not collapse, because of economic support from the Soviet Union. The chavistas are in a much better position to overcome economic strangulation than Fidel Castro was, because Nicolas Maduro and his cronies have the economic backing of both Russia and China; but more importantly, because unlike Cuba, they have access to vast resources (see later).

So the only question that seems to matter is whether military intervention is necessary or indeed essential. I don’t have an answer to such a difficult question but what is true, is that most U.S. partners in Europe and Latin American are not in favour of it. It has been said that nations do not send troops unless their vital interests are seriously threatened but this is one of the main ironies of the Venezuelan debacle: Do Brazil’s Bolsonaro and Argentina’s Macri and Colombia’s Duque and Peru’s Vizcarra and Ecuador’s Moreno and Uruguay’s Vazquez and Mexico’s Lopez Obrador and the rest of Latin Americas’ leaders not realise that the biggest threat to their democracies is the very same chavista regime which they often de facto side with, when they stand against the United States on questions pertaining to Venezuela? And the same goes for democracies and their leaders beyond Latin American borders, because if oil is the nourishment that sustains the revolution at home, it is also the catalyst through which it stimulates instability overseas; instability that creates the ecosystems that breed the international partners, advocates and client states which are absolutely essential for the regime’s long term survival. This is precisely what we saw from Cuba during the 60s and 70s and from Venezuela in the last twenty years – Equatorial Guinea’s recent UN Security Council voting in favour of resolutions supporting Venezuela and its authoritarian regime (a country with which it has no cultural or historical ties and with which, until recently, it had no relationship whatsoever) may just be the latest example of this. And if Washington and its partners were concerned when (despite the embargo) Cuba started exporting its Marxist revolution across the continent (and beyond its borders), they would do well to remember that Venezuela is like Cuba on steroids, because the chavistas control the largest proven oil reserves on the planet: i.e. Venezuela has nearly as much oil under ground as the United States, Canada and Russia combined (it also has the seventh largest gas reserves in the world and many other mineral resources). So Maduro and his cronies have enough oil to continue exporting their revolution for nearly 500 years![11]

 

 

Virgilio Mendoza

29 March 2019

 

[1] https://uk.reuters.com/article/uk-venezuela-politics/new-venezuela-congress-chief-says-maduro-will-be-usurper-president-idUKKCN1OZ0MW

 

[2] https://issuu.com/virgiliomendoza1/docs/echoes_of_the_past__shivers_of_the_

 

[3] https://uk.reuters.com/article/uk-venezuela-politics/trump-says-u-s-military-intervention-in-venezuela-an-option-russia-objects-idUKKCN1PS0DQ

 

[4] https://www.telegraph.co.uk/news/2019/02/25/eu-warns-against-military-action-venezuela-mike-pence-juan-guaido/

 

[5] https://www.bloomberg.com/news/articles/2019-01-24/trump-support-sparks-global-backing-of-venezuela-s-guaido-map

 

[6] https://www.abc.net.au/news/2019-02-05/major-european-nations-recognise-venezuelas-guaido/10779444

 

[7] https://www.reuters.com/article/us-india-oil-venezuela/venezuelas-pdvsa-seeks-to-barter-its-oil-with-india-idUSKCN1Q00XY

 

[8] https://www.euronews.com/2019/01/27/is-it-legal-for-juan-guaido-to-be-proclaimed-venezuela-s-interim-president

 

[9] In an FST mice are dropped in a glass tube or container filled with water. As the walls of the container are slippery, the mice cannot escape but they struggle on until exhaustion. They then give up and eventually drown. The average time it takes for the mice to stop struggling is noted. You then take another group of mice and repeat the experiment. But this time you fish the mice out of the container just before they give up. You dry, feed and give them some rest before dropping them back in. This second time the mice will struggle on for much longer than in the original control experiment. This is because of their memory of the previous experience (i.e. the struggle was indeed followed by relief) and illustrates the important power of hope!  https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22555240

 

[10] See George C. Herring, From Colony to Superpower

[11] (Using 2016-17 data).

 

Moral y Luces

“Si quieres que el presente sea diferente al pasado, estudia el pasado”, Baruch Spinoza.

En días cuando se habla sobre la (¿inminente?) caída del gobierno, vale la pena reflexionar sobre el pasado. Es importante hacerlo, si queremos evitar repetir nuestros errores. ¿Se habrán preguntado alguna vez, nuestros flamantes líderes de la oposición, por qué surgió Hugo Chávez? ¿Habrán aprendido las lecciones del pasado? Después de tanta miseria y sufrimiento, sería triste perder algunas de las lecciones fundamentales por las que tanto hemos pagado durante estos últimos veinte años. Cada uno debe tener su lista de razones y lecciones… yo tengo la mía. En esta nota, la segunda de esta serie, exploro otro de los principales motivos por los que surgió el chavismo:

El bajo nivel de educación (en su más amplio sentido) del pueblo.

El 15 Febrero de 1819 Simón Bolívar dió uno de sus mejores discursos en San Tomé de Angostura (hoy Ciudad Bolívar) en la provincia Venezolana de Guayana. Una de las más celebres frases del Libertador surgió de este famoso discurso: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. !Que cierta y profética resulto ser esta frase!

En el ocaso de «La Cuarta República» teníamos casi doscientos años con esta máxima tan profunda del Padre de la Patria y todavía no habíamos aprendido nada de ella. Con el beneficio de la retrospectiva podemos decir que sucesivos gobiernos descuidaron las necesidades formativas del pueblo. La propuesta económica, política y social de Hugo Chávez (así como su retórica) hizo sintonía con mucha gente, no sólo porque había necesidades reales y justas, no sólo porque el país estaba harto de las élites políticas, sino también porque tristemente, la gran mayoría del pueblo no tenía la capacidad de entender lo que se proponía, mucho menos de anticipar a dónde se nos llevaba. ¿Cuántos chavistas de buena educación (ni siquiera digamos humildes) no han celebrado los excesos y hasta las locuras del programa chavista? ¿Cuántas personas honestas y de buena fe, no han aplaudido ingenuamente la usurpación de Poderes, el debilitamiento de las instituciones y todas las otras acciones antidemocráticas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro? Lo que está claro es que la educación Venezolana, antes de la llegada de Hugo Chávez era, en los mejores casos deficiente y en los peores inexistente, y con Hugo Chávez todo empeoró.

A pesar de las exitosas campañas de marketing del chavismo, no creo que sea controversial decir que la educación en Venezuela hoy en día es un desastre. Tanto la educación primaria, como la secundaria y hasta la universitaria, ha sufrido de una manera alarmante. La falta de recursos, los cambios de currículos, la nueva orientación educacional que parece haber mudado el propósito de educar a adoctrinar, y asegurar que el pueblo no tenga la capacidad de pensar críticamente sobre lo que está pasando. Estoy convencido de que este caos educativo es parte intrínseca de la estrategia del chavismo: un pueblo ignorante, adoctrinado y sin esperanza, es un instrumento ciego de su propia manipulación, ruina y esclavización.

Hoy en día, cuando se habla de Venezuela, muchas veces se hace referencia a la criminalidad, la violencia, la corrupción, el nepotismo, lo brutalmente darwiniano que es sobrevivir en Venezuela, el lenguaje y modales chabacanos que nuestros más altos gobernantes exhiben ante las camaras de televisión… en fin, el desmoronamiento de la fibra moral de la sociedad. En el mismo Discurso de Angostura Simón Bolívar nos dice: “Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla”. Creo que todo esto forma parte del paquete de ‘ingeniería social’ del chavismo. Como dije en una nota anterior, desde hace muchos años vengo meditando el porqué de tantos errores en la gestión de gobierno del chavismo, el porqué de tanta ineptitud; quizás la destrucción de las estructuras económicas del país, del sector privado, de la democracia y hasta de la sociedad misma, es parte esencial de la estrategia de la revolución chavista. En otras palabras, para salvar al jardín que está lleno de malezas y alimañas (capitalismo), es necesario quemarlo ¡todo!: destruir para crear. Estoy convencido de que la degeneración social ‘sembrada’ por el gobierno, es parte esencial de una transformación social jacobina.

Dos párrafos del celebrado Discurso de Angostura de Simón Bolívar dicen todo lo que yo he dicho en esta nota, de la manera más elocuente:

“Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir, ni saber, ni poder, ni virtud. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición por el patriotismo; la venganza por la justicia. Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzaran en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe sostenerse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. La libertad dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos tendrán que enrobustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la libertad”.

“La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son nuestras primeras necesidades. Tomemos de Atenas su Areópago, y los guardianes de las costumbres y de las leyes; tomemos de Roma sus censores y sus tribunales domésticos; y haciendo una santa alianza de estas instituciones morales, renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuosos”.

Como la triste experiencia de estos últimos veinte años nos ha enseñado, la verdadera salvaguardia de la democracia no es el ejército, ni las instituciones… es la educación. Por eso nuestros futuros gobernantes tienen que reflexionar profundamente sobre este tema, porque quizás será la parte más importante del proyecto de regeneración del país. Hay que impartir conocimientos de materias prácticas, pero también hay que formar ciudadanos honestos, civilizados, útiles. Hay que impartir la pasión por el aprendizaje, por la lectura, por el pensamiento crítico. En fin, hay que hacer mucho más que dar conocimientos prácticos, hay que reconstruir nuestra sociedad, y eso comienza y termina con la educación.

Virgilio Mendoza, 29 enero 2018